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El mausoleo que guarda la historia de una venganza narco

Héctor Luis "El Güero" Palma Salazar es uno de los capos del narcotráfico mexicano de la vieja guardia. A lo largo de su vida ha sabido cosechar enemigos que le causaron el más profundo dolor quitándole a quienes más amaba. Por eso, en su honor, mandó construir el Panteón Jardines del Humaya, en Culiacán, Sinaloa, uno de los mausoleos más caros de su época valuado en 420000 dólares.

Palma Salazar trabajó junto a Joaquín "El Chapo" Guzmán Loera. Pero su carrera delictiva había comenzado junto a otro líder criminal, Miguel Ángel Félix Gallardo, de quien se separó cuando Guzmán fundó su cártel. Este abandono le costó una gran enemistad con su "padrino delictivo". Hacia finales de los 80, cuando "El Güero" y “El Chapo” se afianzaban a pasos agigantados en el liderazgo del mundo narco, Palma Salazar sufrió el peor golpe de su vida. A pedido de Félix Gallardo, un narco venezolano llamado Enrique Rafael Clavel Moreno se infiltró en su organización. El hombre aprovechó las constantes ausencias de Palma para convertirse en amante de su esposa, Guadalupe Lejía Clavel, y la convenció de huir con él y llevarse a los dos hijos que tenía el matrimonio.

Ambos le robaron al capo mexicano dos millones de dólares con los que huyeron a San Francisco, Estados Unidos.

Ni bien establecidos en el nuevo país, Clavel asesina a la mujer cortándole la cabeza para luego mandársela al "Güero" en una caja. Dos semanas después, le mandó un video en el que le mostraba cómo lanzaba a sus hijos, de cuatro y cinco años, desde el Puente de la Concordia, en Venezuela. La noticia provocó un tremendo impacto en Sinaloa ya que los códigos criminales indicaban guardar respeto por las familias y nunca se había cometido una atrocidad semejante.

En 1990 Palma Salazar inició su venganza. El primero en la lista era Clavel, quien fue a prisión en Venezuela acusado del homicidio de los dos niños. Ahí fue asesinado. Sus tres hijos también fueron asesinados junto a una serie de familiares y amigos. Pero la matanza no curó el vacío que el asesinato de su familia le había provocado a Palma Salazar. Desde entonces, se convirtió en un ser sombrío, apesadumbrado por el recuerdo permanente de su esposa e hijos

 

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Fuente: Infobae

Imagen: Shutterstock