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La increíble historia del sable del Libertador de América, José de San Martín

El célebre sable corvo de José de San Martín llegó al Río de la Plata cuando su dueño retornó a la Argentina, en marzo de 1812. Lo había adquirido un año antes en Londres y lo conservó durante toda la campaña libertadora, hasta que dejó de ser hombre público en 1822.

Una vez que se retiró de la actividad, se trasladó a Buenos Aires, con la decisión de viajar a Europa para ocuparse de la educación de su única hija. Diversos efectos personales, entre ellos el sable, permanecieron bajo el cuidado de su amiga Josefa de Ruiz Huidobro. Cuando el General hizo su testamento en París, decidió legarle el particular objeto al militar Juan Manuel de Rosas.

Una vez que falleció San Martín se desconoce de qué modo llegó el sable a manos de su heredero. Lo cierto es que quedó en poder del Restaurador. Según refieren los expertos, al morir Rosas en 1877 el sable corvo engalanó el féretro en su sepelio. Algunos años después, el presidente José Evaristo Uriburu nombró una comisión militar integrada por varios generales en actividad, a efectos de participar en la recepción y depósito del sable corvo en el Museo Histórico.

Durante la década del 60, la pieza fue sustraída en dos ocasiones por miembros de la Juventud Peronista, y fue debido a estos robos que se transfirió la responsabilidad de su alojamiento y custodia al Regimiento de Granaderos a Caballo en Palermo. Finalmente en 2015 se dispuso que fuera devuelto a su emplazamiento original. En la actualidad, la espada del Libertador se exhibe al público en una sala del Museo Histórico Nacional en Parque Lezama.

 

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Fuente: Infobae

Imagen: Ministerio de cultura de la nación Argentina