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Un fallo contra los cultivos genéticamente modificados que genera polémica

Hongos que no se ponen marrones. Trigo que combate las plagas. Tomates que tienen una temporada de cultivo más larga. Todos estos cultivos son posibles gracias a una tecnología de modificación genética llamada “Crispr-cas9”, pero el Tribunal de Justicia de la Unión Europea frenó su desarrollo.

La justicia determinó que por ser cultivos genéticamente modificados deben cumplir con estrictas reglas que se aplican a las plantas producidas con genes de otras especies. Muchos científicos repudiaron la decisión, ya que sostienen que los países en desarrollo seguirían la iniciativa de Europa y bloquearán los cultivos modificados genéticamente para que no lleguen a las granjas ni a los mercados.

Luego de la que sentencia fuera dada a conocer, el director de las instalaciones de transformación de plantas en la Universidad de Cornell, Matthew Willmann, explico que “no solo se está afectando a Europa con esta decisión, sino a todo el mundo”.  El fallo también podría restringir las exportaciones de Estados Unidos, que tiene un enfoque más indulgente sobre los alimentos modificados genéticamente.

Desde la revolución agrícola hace diez mil años, todo el desarrollo de cultivos se ha reducido a alterar la composición genética de las plantas. Durante siglos, los agricultores seleccionaron algunas para su reproducción, o cruzaron variedades, con la esperanza de transmitir características útiles a las generaciones futuras.

A principios del siglo XX, los científicos descubrieron los genes e inventaron nuevas formas de desarrollar cultivos. Por ejemplo: dos líneas de maíz podían unirse en plantas híbridas que eran superiores a cualquiera de sus padres. Para la década de los veinte, los investigadores se dieron cuenta de que no tenían que conformarse con amplificar las variaciones genéticas que ya existían en las plantas. Podían crear nuevas mutaciones.

 

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Fuente: NY Times

Imagenes: Shutterstock